Blog de Andrés Ruiz

Comunicador, periodísta, aficionado al cine y a escribir. Realizador de documentales, comerciales, videoclips, largometrajes y cortometrajes de ficción.

Enfrentó el robo más grande y famoso de la historia de Colombia, capoteó la crisis económica y firmó tantos billetes durante más de una década, que muchos conocen solo su letra. Miguel Urrutia acaba de publicar un libro, investiga, dicta clases… Pero sus pasiones también son otras.

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Después de la firma viene la calma

Por: Andrés Ruiz Zuluaga
marioandresruiz@yahoo.com

Enfrentó el robo más grande y famoso de la historia de Colombia, capoteó la crisis económica y firmó tantos billetes durante más de una década, que muchos conocen solo su letra. Miguel Urrutia acaba de publicar un libro, investiga, dicta clases… Pero sus pasiones también son otras.

Miguel Urrutia en la sala de su casa en el norte de Bogotá. A la derecha de la foto, Escultura en el taller, cuadro de Santiago Cárdenas, su pintor favorito. Foto: Roger Triana- Archivo Universidad de los Andes.

* Publicada originalmente en Nota Uniandina en agosto de 2012.

– Hay que ser franco, lo que más extraño es el poder.

Las palabras son de Miguel Urrutia al recordar su pasado como gerente general del Banco de la República, posición que ocupó durante 11 años, entre 1993 y 2004, cuando enfrentó el robo más famoso de la historia del país y la crisis económica más grande del último cuarto de siglo. 

– Es una gran experiencia, pero no repetiría –dice mientras suelta unas tímidas risas–. El poder es atractivo, pero de cuidado. Creo que ese aspecto no lo manejé mal.

Hoy, a sus 63 años, vive muy activo, aunque sin tanto estrés. Reparte el tiempo entre dictar clases de historia económica, investigar sobre el pasado o el presente y escribir. En los últimos meses terminó su libro Los actores en la crisis económica de fin de siglo, que analiza las causas de la crisis y las políticas económica y financiera que se implementaron en su momento en Colombia.

La entrevista es en la sala de su casa en el norte de Bogotá. Son las tres de la tarde y dos ventanales laterales que van del techo al piso permiten que la luz del sol se adueñe del lugar sin dejar un solo rincón a oscuras. A través del cristal, dos jardines con influencia japonesa. Helechos, mucho color verde y un pequeño lago con peces rojos, el paisaje.

– En los cuatro años en Tokio, cuando fui vicerrector de la Universidad de las Naciones Unidas, mi esposa y yo quedamos enamorados de esa cultura.

Miguel Urrutia (centro) acompañado por su esposa Elsa (última a la derecha) y sus tres hijos: Santiago, Elena e Isabel, en su época en Tokio (Japón) cuando fue vicerrector de la Universidad de las Naciones Unidas.

El trabajo que más lo marcó fue su paso por el Banco de la República. Además de la tensión que vivió, también le dejó algo que pareciera secundario pero que convirtió su nombre en un rótulo célebre: estampar su firma en todos los billetes entre 1993 y 2004. Habrá quienes no conozcan su cara pero todos hemos tenido alguna vez su firma en las manos. 

– Muchos me identifican como el que firma billetes –comenta mientras recuerda entre sonrisas cuando, en eventos con niños, le preguntaban cómo firmaba tantos billetes. Él los sacaba del sueño caricaturesco –o de la pesadilla– y les explicaba que solo firmaba una vez, en las planchas.

La mesa de centro de la sala es de bambú y soporta una roca. Tres cuadros con figuras abstractas japonesas son la primera imagen del lugar. En un estante con CD’s, además de música clásica, varios lomos de álbumes muestran caligrafía japonesa imposible de descifrar.

– Las pinturas son de una artista moderna que ya debe tener como 98 años. Fue un tiempo maravilloso en Tokio –recuerda–, pero nunca aprendí el idioma y me hacía entender por señas. Era más fácil así que con el inglés. Mis hijos sí aprendieron algo.

Urrutia toma su billetera y con cautela busca billetes que aún lleven su firma.

–Después del robo de Valledupar cambiamos los billetes de 2.000, 5.000 y 10.000 y, desde ese momento, me metí mucho en el diseño. Buscamos agregar científicos y personas del mundo de la cultura y que las piezas fueran diseñadas por artistas. La excepción fue el de mil pesos que, por ley del Congreso, muestra a Gaitán. Igual, el diseño es una pequeña obra de arte.

Urrutia se sienta en un gran sofá blanco. Detrás de él, su adquisición más preciada: un cuadro de Santiago Cárdenas, uno de sus pintores favoritos. De hecho, la familia Cárdenas ha estado presente en la vida del exgerente del Banco de la República ya que a Juan Cárdenas, hermano de Santiago, le encomendó diseñar los billetes de 5.000 (con la cara del poeta José Asunción Silva) y los de 20.000 pesos (con la del científico Julio Garavito).

–Soñaría con tener un cuadro de Paul Klee –agrega–.

Sueño que cumplió en parte pues fue el encargado de que Balcón sobre el mar (Gelander Am See), de 1937, entrara a la Colección de arte de la Casa de la Moneda del Banco de la República.

Actor y observador

Bogotá, junio de 2012. Miguel Urrutia y su hija Isabel, que vive en Costa Rica, de visita en la casa. Foto: Roger Triana – Archivo Universidad de los Andes.

Después de años de ocupar cargos como director nacional de Planeación, ministro de Minas y Energía, director de Fedesarrollo, secretario general del Ministerio de Hacienda y gerente del Departamento Económico y Social del Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros, Urrutia se dedica a su actividad favorita: educar. Dicta las clases de Historia Económica de Colombia e Introducción a la Economía Colombiana en la Universidad de los Andes.

–Me encanta enseñar y siempre he dictado aunque sea una sola materia. La ley me lo permitía cuando tenía cargos públicos. Permanentemente uno está leyendo, analizando… es una delicia.

“La contribución de Urrutia al estudio de la historia económica es fundamental para entender las génesis y el manejo de la peor crisis del siglo XX. La vivió cerca y fue un actor principal”.

Carlos Caballero Argáez, exdirector de la Junta Directiva del Banco de la República.

Si la sala de la casa de Urrutia se destaca por la entrada de luz, es oscura al lado de los pasillos que, en lugar de paredes, a ambos lados tienen ventanales que mantienen el protagonismo de los jardines. El techo también es de vidrio. Al final están las escaleras que llevan al segundo piso, donde están las habitaciones y su lugar predilecto: el estudio.

– Con el computador tengo una relación de odio y amor. No me gusta, pero me la paso ahí leyendo, estudiando y respondiendo correos. La relación con los estudiantes ahora es casi toda por e-mail. Antes, el estudiante para preguntarle algo a uno lo buscaba por la cafetería, en los pasillos. Ahora, basta con un mensaje. Uno de mis placeres es borrar correos. Los elimino porque me da susto acumular. Creo que es un error porque después hay que buscar cosas, pero lo hago.

En los últimos meses estuvo mucho tiempo pegado al computador mientras escribió, junto a Jorge Llano, el libro Los actores en la crisis económica de fin de siglo, en el que recuerda su época como gerente general del Banco de la República.

–De esa crisis hay muchas interpretaciones y me pareció interesante analizar las causas, mostrar la interacción entre Gobierno, sector privado y política. Quise reflejar que las medidas para una crisis no se toman a la ligera sino que van respaldadas por una tradición de investigación.

Se detiene en el pasillo. Erguido y mientras la luz del sol ilumina su pelo blanco, recuerda que en el Banco de la República, además de su posición como gerente general, también ocupó otros cargos: fue miembro de la junta directiva y, 20 años atrás, subgerente técnico.

– Como gerente viví el máximo estrés. El libro no se queda en anécdota. En los errores uno preferiría haber hecho algo diferente y buscamos mostrar cómo se deberían tratar en el futuro.

Un país particular…

Miguel Urrutia fue gerente general del Banco de la República, director nacional de Planeación, ministro de Minas y Energía y director de Fedesarrollo, entre otros cargos. Foto: Roger Triana. Archivo Universidad de los Andes.

Como si la crisis económica no fuera suficiente, Urrutia enfrentó el robo más grande de la historia de Colombia. Entre el domingo 16 y el lunes 17 de octubre de 1994, un grupo de ladrones se robó 24 mil millones de pesos en billetes de 2.000, 5.000 y 10.000 del Banco en Valledupar. El hecho, que parecía sacado de una película de Hollywood, marcó la vida del exgerente general del Banco.

–Fue muy desagradable, con implicaciones políticas, económicas y de opinión pública. Además, hubo fuertes críticas al Banco y a mí, pero fue una lección muy importante. Entre otras, aprendí un tema muy técnico y es el de cuándo emitir un billete. Antes se emitían sin haberlos distribuido. Y eso se volvió un lío jurídico porque no se sabía si el seguro debía o no pagar un billete no emitido.

La solución en su momento fue cambiar el diseño de esas denominaciones lo más rápido posible y recoger los robados, que no tenían valor comercial, pero rápidamente se regaron por todo el país.

–Eso fue muy incómodo para la gente, pero fundamental para los seguros. Se logró judicializar a quienes robaron y muchos, no por cuenta del Estado, claro, fueron asesinados. Uno de los ladrones, después de pagar su pena, escribió un libro. Definitivamente, Colombia es un país particular –reflexiona y se sonríe mientras se agarra la cara con sus dedos pulgar e índice.

Bogotá, junio de 2012. Biblioteca en la cocina de la casa de Miguel Urrutia, con libros principalmente de arte y literatura universal.

Urrutia leyó ese libro y lo tiene en alguna de las bibliotecas de su casa. Quizá la más llamativa está al fondo en la cocina, en una especie de estudio. Los tomos son de arte y algunos de literatura. Abajo, unos cuarzos, piedras moradas y verdes. El techo es una marquesina que permite la entrada de luz, pero no tan fuerte como en la sala y los pasillos. 

–Buen lugar para leer –dice riéndose luego de excusarse con Elsa, su esposa, por entrar con visitas mientras ella corta champiñones en un gran mesón en el que podrían cocinar cuatro personas–.

– Es una casa antigua. Las de ahora no son tan grandes –comenta.

La fuerza del poder

Bogotá, junio de 2012. Al fondo de la foto, el urapán sembrado por Miguel Urrutia hace algo más de 15 años.

Hay una segunda sala, al fondo. Acá las cortinas evitan el paso del sol. Es un salón grande con una biblioteca muy de economía, repisas con artesanías y jarrones japoneses, un plasma y varias películas que recuerdan su gran pasión por el cine, por Woody Allen e Ingmar Bergman. En clases recomienda películas que retomen temas como el poder, la economía o la toma de decisiones.

– Siempre vamos a Avenida Chile o a Cinemanía. Allá presentan las mejores películas. Es mi plan favorito con mi esposa –dice mientras coge un portarretrato con una foto en la que aparecen él, sus tres hijos y su esposa, en Japón, vestidos con kimonos–.

Los actores en la crisis económica de fin de siglo no solo es la visión de un economista sobre las causas de la peor crisis, sino que es el testimonio de un protagonista principal”.

Alejandro Gaviria, doctor en Economía de la Universidad de California.

De sus tres hijos, Elena se dedicó a la moda y tiene una importante tienda de ropa; Isabel es administradora y vive en Costa Rica con su esposo y su único varón, Santiago, siguió sus pasos en la economía. Tiene seis nietos.

–Con lo que he vivido es difícil responder qué me queda por hacer, pero siento que quizá me ha faltado una experiencia empresarial y, sobretodo, hacer más deporte.

Urrutia, miembro fundador de la Asociación Colombiana de Historia Económica, es apasionado por el tenis y fue su pasatiempo. Luego jugó golf. Hoy dejó el deporte de lado, o el deporte lo dejó, como él dice. Tampoco lo sigue por televisión pues le cuesta ver la bola de tenis. Su mejor recuerdo con el deporte fue en los 70’s cuando era director de Planeación.

– Allí inventé un régimen flexible. Había que trabajar ocho horas, pero uno escogía cuáles. Eso me hizo posible jugar tenis una vez por semana y llegar tarde a la oficina sin dar mal ejemplo. Pensé que eso sería muy atractivo pero, cuando salí de Planeación, eliminaron ese sistema. Es una lástima porque esa flexibilidad hoy, con la obsesión por el tráfico, acabaría muchos problemas.

Su experiencia gustó, pero no la volvió a aplicar.

– Se había adoptado en muchas empresas en Japón con tarjetas de entrada y salida. Las mujeres tenían flexibilidad para el hogar. Que no se utilice es una bobada. Es cuestión de organizarse. 

Después de conocer medio mundo y estudiar a Bogotá, este miembro de la Academia Colombiana de Economistas cree que para solucionar la movilidad hay buenas ideas, pero no se aplican.

– No hay esfuerzo político. La movilidad de hoy es terrible. Por ejemplo, no ha sido posible firmar un contrato para una tecnología eficiente de semáforos. Existe en muchos países y mide cuántos carros hay para dar vía. Los estudios sugieren que el Pico y placa no es buena idea en el mundo.

Urrutia mira el reloj. Son las cinco y debe enfrentar el tráfico de Bogotá. Antes, termina:

–El metro es una solución parcial. Es más eficiente terminar TransMilenio, con rutas por el occidente y ahí sí el metro que, en el mejor de los casos, soluciona 20 por ciento del transporte.

Es hora de terminar la entrevista. Una de las pocas que Miguel Urrutia ha concedido en años.

–Lo que pasa es que no me gusta mucho tratar temas económicos a la media hora que se da una noticia. Normalmente uno no tiene tiempo para analizar y entender bien el tema.

Urrutia se despide de su esposa y de su hija Isabel, de visita en Colombia. Alcanza el tiempo para tomarse una foto al frente de un enorme urapán, en la salida de su casa, que supera en tamaño a un edificio de seis pisos. Fue sembrado por él hace algo más de 15 años. La tarde pareciera estirarse, no irse del todo y, en medio de árboles y jardines, es difícil tener en cuenta que, a tres cuadras, el tráfico de Bogotá es el mismo del resto de la ciudad, caótico.

–Mi esposa dice que Bogotá tiene el mejor clima del mundo. ¿Qué otra ciudad tiene esto durante todo el año?– pregunta, mientras señala el sol entre las hojas–. Es el mejor lugar para vivir por muchas razones. Para una persona que se interesa por el desarrollo económico es ideal.

Ahora sí, el profesor de Economía se despide. Antes, un vistazo a las fotos del urapán.

Urrutia, a mil

  • ¿Un lugar que se debe conocer antes de morir?

    París.

  • Una ciudad para vivir

    Bogotá.

  • Una ciudad para disfrutar del arte

    Berlín.

  • Un plan

    Ir a un museo.

  • Una película para ver 

    La gran ilusión.

  • Una pintura

    Un Matiz.

  • Un director de cine

    Woody Allen o Ingmar Bergman.

  • Un artista colombiano

    Santiago Cárdenas.

  • Un artista para escuchar

    Mozart.

  • Una película sobre economía

    Too Big To fail.

  • Una película colombiana

    La estrategia del caracol.

  • Un plato 

    Cualquiera de la comida japonesa.

  • Lo que más le gusta

    Educar.

  • Una pasión

    La historia del arte internacional y colombiana.

  • ¿Qué va a ser lo primero que le diga a Dios cuando llegue al cielo?

    La pasé bien.

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